Cambios y continuidades en la vida cotidiana de Nueva España y México.

Los postulados de la Ilustración empezaron a ponerse en práctica desde su anuncio a mediados del siglo XVIII, por lo que el fin del Siglo de las Luces y el comienzo del siglo XIX constituyen un continuo de tiempo seccionado por la guerra de Independencia, aunque no está marcado por cambios abruptos. En realidad hubieron bastantes continuidades entre el XVIII y el XIX y cuando las élites provocaban un cambio que afectaba a los más desprotegidos, podía suceder que la población afectada se adaptara a esos cambios o que reaccionara a estos y radicalizara su comportamiento tradicional.

1a Estadísticas para finales del virreinato.

Se calcula que los indios representaban algo más de 60% de la población total, seguidos de los mestizos con cerca de 21% y con menos de 20% de quienes se consideraban españoles. Si embargo, quienes decían ser españoles representaban mayor porcentaje de la población en las ciudades.

1b Estadísticas para inicios de México.

La población oscilaba alrededor de los seis millones, de los cuales cuatro millones eran indígenas. La ciudad capital daba abrigo a una 150. 000 personas, que aumentaron durante la guerra de Independencia, cuando se buscaba refugio del conflicto bélico, y descendieron cuando la gente regreso a sus lugares de origen.

2 El mosaico cultural novohispano-mexicano

De las selvas remotas a los desiertos desolados, pasando por la bulliciosa ciudad de México; los hombres que poblaban el vasto territorio novohispano apenas compartían algunas aspiraciones y creencias comunes. La identidad del novohispano era diversa, y esa diversidad no se eliminó con la formación de la identidad mexicana. Aunque las leyes eran las mismas en todo el territorio y las instituciones monárquicas eran las mismas para todo el territorio, las costumbres no fueron homogéneas. Las creencias y valores, la manera de hablar y las costumbres familiares de unos y otros, eran muy diferentes.

Las diferencias geográficas, demográficas, de recursos naturales y de tradiciones definieron las costumbres en cada región y localidad. Las poblaciones estaban a distintas distancias de las poblaciones urbanas y pertenecían en su mayoría a ciertos grupos sociales o calidades étnicas. Todos tenían su propia cultura y por eso era diferente su vida cotidiana. En las ciudades y el campo variaba la forma en que se satisfacían las necesidades, según las posibilidades del paisaje, las normas y las prácticas laborales.

3a La alimentación en los últimos años de existencia de Nueva España.

En Nueva España se consumían guisos mestizos, diferentes a los de la tradicional cocina española, pues hasta en la preparación de los alimentos hubo un mestizaje cultural regionalizado entre las influencias europeas, africanas y americanas. Sin embargo, había españoles que buscaban mantener sus tradiciones y su alimentación peninsular. Independientemente de su tradicionalismo o su mestizaje los productos procedentes de Castilla eran un signo de prestigio.

Los indios en las Repúblicas de indios consumían principalmente lo que se producía en sus milpas, es decir, maíz, frijol, calabaza y chile. Mientras que los indios que vivían en las ciudades consumían lo que producían y lo que se producía y vendía en la ciudad.

En las ciudades era común que se preparara el pan en casas de españoles, quienes lo vendían. El pan tenía que prepararse en casa con horno, mientras que la tortilla podía ser elaborada antes de su consumo por una persona en el hogar. Así que los españoles no se mantuvieron al margen del consumo del maíz, pues la preferencia por algún tipo de grano no excluía a los otros. Los indios que habitaban las ciudades también consumían pan de vez en cuando.

El pulque formaba parte de la alimentación básica en el campo y las ciudades; suplía la carencia de otros alimentos y se tomaba en grandes cantidades, especialmente donde el agua era escasa. El vino era mayormente consumido por españoles y procedía de la Península, aunque también se producía en Nueva España, aunque su elaboración era ilegal aquí.

3b La alimentación en los primeros años de existencia de México.

Las costumbres alimentarias no experimentaron grandes cambios durante las primeras décadas del siglo XIX. En México la gente pobre almorzaba tortillas y bebía atole, lo que era una dieta 100% de carbohidratos. En la comida comían lo mismo, con sal y chile. Para comer un poco mejor, los pobres agregaban a sus tacos hierbas que recolectaban del campo o que compraban a muy bajo precio, tal como se había hecho desde siempre.

No todos comían, desayunaban y cenaban. La dieta era mas sencilla y más esparcidas las horas para tomar alimentos  entre quienes menos tenían a la hora de poner la mesa o ni siquiera tenían mesa. Los niños de escasos recursos del campo y la ciudad, para poder comer, debían pasar buen rato cazando ranas y pájaros, recogiendo huevecillos de mosco y de hormiga o atrapando otros insectos.

Si le iba bien, un peón ganaba dos reales al día. En una fonda, un almuerzo de ese precio podía consistir en huevos al gusto o algún guisado, fuere de chile, bistec, frijoles refritos o de la olla, costilla y asado, un vaso de pulque o café con leche. La comida de tres reales, consistía en caldo, sopa de pan, arroz o masa, puchero de ternera o carnero, un guisado de chile, un asado de carne con ensalada y pastas de dulce.

Antes que el agua se tomaba pulque, que tampoco era muy higiénico, pero tenia como ventajas la tradición, el gusto y los efectos embriagantes. El pulque era tan cotidiano que hasta lo bebían los niños. Como el alcoholismo era alto entre la población, el gobierno siguió prohibiendo la venta de pulque a ciertas horas y emprendió campañas para divulgar información sobre el daño que causaban las bebidas fermentadas. Sin embargo, tales medidas no dieron resultado.

4a Los españoles peninsulares en Nueva España.

Los españoles venían al Nuevo Mundo para hacer fortuna, o al menos, ese era su plan. Antes de su partida al nuevo continente, veían su estancia allí como una actividad pasajera, una forma de regresar a casa cargados de doblones. Antes de cruzar el océano su hogar seguía estando en la España europea.

Si el peninsular triunfaba y se enriquecía a veces se encariñaba con su nueva tierra; pero si no lograba enriquecerse, se avergonzaba de regresar con las manos vacías y prefería sobrevivir en la Nueva España, aunque fuera modestamente.

Los hijos americanos de los españoles peninsulares, es decir, los criollos, presumían de su limpieza de origen y de la pureza de sus costumbres hispanas, pero los funcionarios provenientes de España notaban que la población considerada española no era igual a la de Castilla, era diferente en su trato y su modo de comportarse. Aunque había criollos que mantenían sus costumbres lo más cercanas a las ibéricas; la gran mayoría de quienes se llamaban españoles en Nueva España no aspiraban a perpetuar un hispanismo que no sentían. Los criollos desarrollaron un sentimiento propio, un americanismo que se nutría de la antigua grandeza indígena, pero que renegaba del indio vivo y a su vez, se diferenciaba del europeo; aunque paradójicamente quería parecerse a él.

4b Los españoles peninsulares en México.

Tras la guerra de Independencia los negocios de los españoles se vieron afectados por la guerra y los préstamos forzosos que les impusieron. Quienes comerciaban de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad tuvieron que tomar la decisión entre seguir su camino o quedarse en una ciudad, pues la inseguridad en los caminos los podía dejar en la ruina. La amenaza de la inestabilidad hizo que muchos españoles que vivían en Europa prefirieran vender las propiedades que tenían en México a sus parientes que vivían en México para así trasladar su dinero a España y asegurarlo. Cuando se dio la expulsión de españoles no sólo afecto a los afectó a ellos: muchos españoles eran clientes de comerciantes mexicanos o extranjeros y cuando se fueron, algunos les quedaron debiendo. Pantaleón Ipiña, un comerciante español que no fue expulsado, pero que perdió tanto dinero que se vio obligado a liquidar su comercio.

5a Celebraciones en Nueva España

Las fiestas novohispanas estaban destinadas a exaltar los ministerios de la iglesia o la grandeza de la Monarquía. Los festejos eran multitudinarios, mientras que las diversiones privadas se reservaban a los grupos con capacidad para pagar el costo o para organizar bailes, “jamaicas“ y fandangos.

Las fiestas religiosas se distribuían a lo largo del año y en ellas se conmemoraban acontecimientos gozosos, como las celebraciones de las pascuas, la navidad, o la canonización de algún miembro de las órdenes regulares; también se realizaban periodos de meditación y la penitencia, como la cuaresma y el advenimiento. La fiesta anual del santo patrón de la ciudad o del pueblo solía ser preparada con meses de anticipación por los miembros de las cofradías y era recibida con gran entusiasmo por la población. También eran comunes las fiestas especiales para recibir a los nuevos virreyes en su camino a la capital del virreinato.

5b Celebraciones en México

Con el régimen republicano aún quedaron remanentes de la fastuosidad monárquica y se hacían banquetes cuando visitaban los pueblos y ciudades los héroes de guerra. Las celebraciones de cumpleaños, nacimientos, matrimonios y fallecimientos reales se fueron sustituyendo por las fechas significativas de la historia patria y se comenzó a consolidar un calendario de fiestas cívicas que se traslapó y fue sustituyendo en algunos casos al religioso.

6 Conclusión

A pesar de que en el campo y las ciudades faltaba la higiene que hubiera ayudado a prevenir y evitar contagios masivos y que los liberales se contraponían con mayor encono cada vez a la propiedad comunal indígena y a las corporaciones; con la Independencia existió un efervescente optimismo: Los hombres de letras vaticinaban para México un futuro próspero, libre, soberano, y admirado por el concurso de las naciones civilizadas. Sin embargo, muchos hombres vieron más allá de ese optimismo y comenzaron a construir ese México con múltiples sacrificios.

La vida cotidiana sin duda cambió en esta época, pues ninguna generación es igual a otra. Pero con cada generación las mutaciones en los ritmos y los cambios tuvieron distinto carácter. Tampoco hay que creer que la Independencia provocó vastísimos cambios en la vida cotidiana de la población. Muchos cambios se hicieron sólo en la legislación y tardó mucho tiempo para que la población se adaptara a ellos y realmente se aplicaran.

Por ejemplo, la esclavitud ya había disminuido a finales del XVIII, pero el propietario de tierras, minas y talleres generalmente veía a sus trabajadores como objetos a su servicio. Incluso tras la prohibición de la esclavitud y la declaración de igualdad entre ciudadanos que conllevaba la República, esta actitud no cambió mucho. Los cambios políticos y las novedades en la legislación apenas permearon la sensibilidad de quienes seguían viéndose como seres superiores a sus trabajadores.

Los cambios fueron, a lo largo del XIX, notables en las ciudades; pero a finales de este siglo los pueblos y rancherías aislados apenas y habían cambiado algo, en algunos de estos se desconocía el español y había incluso algún habitante que preguntaba qué rey gobernaba en la Nueva España. Había un retraso de 100 años de noticias. Los cambios y continuidades en Nueva España y en México fueron distintos de región a región, y comenzaron a ser mayores con la llegada del ferrocarril en el Porfiriato. El ferrocarril logró integró a la población mexicana a tal grado que los cambios fueron más acelerados a partir de su llegada.

Nota. La información aquí mostrada fue obtenida de las fuentes bibliográficas abajo citadas. Para ampliar el conocimiento sobre este y otros temas recomendamos ampliamente la consulta del libro Historia Mínima de  la vida cotidiana en México.

Bibliografía

Bazant Jan. (1975) Cinco haciendas mexicanas. Tres siglos de vida rural en San Luis Potosí. México. El Colegio de México.

Staples Anne. (2007) Pesares y placeres de Carlos María de Bustamante en P. Gonzalbo Aizpurt, M. Bazant (Coord.) Tradiciones y conflictos. Historias de la vida cotidiana en México e Hispanoamérica. México. El Colegio de México / El Colegio Mexiquense. pp. 263-290.

Gonzalbo Aizpuru, Pilar (2010) “La vida en la Nueva España”, en Pablo Escalante Gonzalbo, et. al., Historia Mínima de  la vida cotidiana en México, México, El Colegio de México, pp. 49-118.

Staples, Anne (2010) “El siglo XIX”, en Pablo Escalante Gonzalbo, et. al., Historia Mínima de  la vida cotidiana en México, México, El Colegio de México, pp. 119-172.

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Acerca de difuhist1admorave

Somos un grupo de jóvenes preocupados por que la historia sea difundida y enseñada sin que disminuya la calidad en el proceso. Existe una cantidad gigante de bibliografía especializada y de revistas científicas que permitirían adquirir un conocimiento bastante exacto de la historia del país y de América. Pero estos materiales son poco accesibles a la mayoría de la población. En este Blog plasmaremos síntesis y análisis de temas históricos que permitan profundizar los aprendizajes esperados que en la actualidad la SEP propone que los estudiantes aprendan. Empezaremos con la historia de México de 5° año de primaria.
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